‘Hannibal’: a mitad de camino entre la belleza y la perversión

Psicológica. Sugerente. Perversa. Macabra. Perturbadora. Salvaje. Oscura. Bella. Impactante. Inquietante. Frustrante. Terrorífica. Escalofriante. Insaciable. Brillante. Exquisita. Enfermiza.

Así es ‘Hannibal’. Una constante tensión que va in crescendo desde el primer episodio de la primera temporada.

¡¡CONTIENE POSIBLES SPOILERS!!

Sí. Yo también tenía mis dudas al principio. Sí. Difícil era el reto de interpretar a un Hannibal Lecter contemporáneo después del magistral Lecter de Anthony Hopkins. Sin embargo, en la producción de la NBC, Mads Mikkelsen logra amoldar el personaje perfectamente. El doctor sigue siendo ese personaje elegante, excéntrico, oscuro, misterioso, inteligente y monstruoso. Y, a pesar de todos los adjetivos de antihéroe que lo definen, Mikkelsen logra, además, otorgarle una capacidad de contención y frialdad emocionales casi escalofriantes.

ffff

La psicología y el poder de manipulación son dos aspectos clave para entender el personaje y el desarrollo de la serie. En la primera temporada somos testigos de lo capaz que es Hannibal de volver contra su propia mente a un sufrido y vulnerable Will Graham, interpretado por un brillante Hugh Dancy. Así pues, Will cada vez se nos presenta como un personaje más roto por dentro y más sobreexpuesto a las acciones del perverso doctor.

Pero la situación cambia en la segunda temporada: Will entre barrotes, incapaz de recordar pero convencido de hacerlo para poder cazar a Hannibal. Y este último, colaborando con el FBI como asesor. Papeles intercambiados. Manipulación bidireccional. Psicología pura y dura.
La temporada arranca de manera brutal: con un flashforward que marcará el carácter de la segunda temporada, mucho más tensa que la primera. Y con un final escalofriante, brillantemente elaborado y aún más brillantemente ejecutado.

Además, la segunda temporada cuenta con unos excelentes paralelismos casi poéticos para darnos a entender lo que está pasando por la mente trastornada de Will. Por un lado, el ciervo, que antes aparecía como tal, ahora está claramente identificado con el rostro de Hannibal. Y por otro lado, el lago en el que Will se imagina pescando, como si intentara pescar entre sus propios recuerdos.

La segunda temporada es brillante. Pero es que la serie es una exquisita obra de arte.
Las conversaciones entre los dos protagonistas, lo sugerentes que son las escenas que comparten y la incertidumbre de las alianzas entre los personajes. Las recreaciones de los crímenes en la mente de Will son impresionantes. La delicada fotografía con la que se nos enseña las escenas del crimen es bellísima a la vez que impactante (como se nos muestra en el 1×08 con el “cadáver-violín”, o en el 1×09 con el gigante tótem humano). Igual pasa con la genial puesta en escena de Hannibal cocinando y de los auténticos manjares que cocina, que se encuentran a mitad de camino entre la admiración y la culpabilidad.

‘Hannibal’ es una serie espectacular que ha sabido explotar y escenografiar las historias de los libros de Thomas Harris (con algunas modificaciones) de una manera perversa pero bella, con un gran Bryan Fuller entre bastidores que tiene muy clara la dirección a seguir. ‘Hannibal’ te envuelve, te atrapa, te revuelve y no te suelta bajo ningún concepto. Porque yo prefiero ser valiente, en lugar de ciega.

Bon appétit.

Por Eva BV (Twitter @BV_Eva)

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