El viaje de Glee

Ya ha empezado la sexta y última temporada de Glee. Y mi parte Gleek muere con ella…

Y es que la primera temporada de esta serie fue toda una sorpresa. Me recuerdo escribiendo así:
 Te propongo un experimento: Coge a los chicos de High School Musical y quítales el barniz de Disney: ya no son los más populares del colegio, si no más bien al contrario, ni los más guapos, y además tienen muchos problemas reales: embarazos no deseados, problemas de integración, discriminación sexual o discapacidad.

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Haz que haya mucha tensión sexual, que se enamoren los unos de los otros, y que sufran de desamor, y que las parejas se rompan, y se crucen, y vuelvan a enamorarse. Y haz que poco a poco se creen lazos de amistad imposibles pero irrompibles. Pero que ellos no se den cuenta.

Alrededor de ellos hay que crear una serie de personajes importantes. Por supuesto los malos tienen que ser de aúpa, un cruce entre Angela Channing Benjamin Lynus. Y los buenos tienen que ser generosos e ingenuos, por lo menos como Bambi.

Y ponle música. Que canten de maravilla canciones conocidas por todos, con un abanico de estilos que abarque Barbra Streisand, AC/DC, Beyonceé, Lionel Richie, Neil Diamond, Queen, Sammie Davis JR, The Pretenders, Liza Minnelli, Charlie Chaplin, Van Hallen, y, por supuesto, Madonna (dedícale un capítulo, incluso).

Y que la historia eche a andar.

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Parece sencillo, ¿verdad? Pues Glee, que así se llama la serie que hemos creado, fue en 2009 uno de los fenómenos televisivos y musicales en Estados Unidos y en todo el mundo. Ganó multitud de premios (incluido el Globo de Oro y varios Emmys), vendió millones de discos de la banda sonora, colgó el cartel de Sold out en todas las paradas de su gira en Estados Unidos, gira que luego llevarían a Reino Unido.

Este vídeo dio la vuelta al mundo.

La primera temporada fue una revolución. Sin embargo en la segunda muchos quedamos algo defraudados. Demasiada Ga-Ga, demasiada Katy Perry, demasiada Britney, demasiados Warblers, demasiada Rachel. Poca Barbra, poca Aretha, poca Mercedes, poca Sue Silvester, pocos argumentos. Historias forzadas por la obligación de incluir los últimos hits y construir el argumento alrededor de ellos, en vez de buscar la canción adecuada para el momento.

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Cuando empecé a ver la tercera temporada, me dió un poco de pereza pensar qué podría encontrarme. Así que vi los dos primeros episodios, y me olvidé de ella. Pero entonces, buscando algo en youtube, me encontré con Mercedes cantando el Beautiful de Christina Aguilera, vestida de animadora. Me invadió la nostalgia y me puse a buscar antiguos vídeos de Glee: Imagine, Somebody to loveDon’t rain on my parade… Recordé porqué me había enganchado a la serie, y decidí darle una segunda oportunidad. Y me alegré.

Obviamente, la serie no tenía la frescura del principio. Había coreografías poco trabajadas, y sorprendía ver a actrices no clavar el playback en algunos temas. La tensión sexual contenida ya no era la misma. Los romances (de todas las tendencias) estaban bastante asentados. Pero las historias volvían a ser lo suficientemente intensas como para estar deseando saber qué iba a pasar en el siguiente episodio.

Los cameos de la temporada: Jeff Goldblum, Ricky Martin, Gloria Estefan, Whoopy Goldberg, Lindsay Lohan o incluso Perez Hilton, el “cotilla” oficial de Hollywood. Los homenajes, Michael Jackson y Whitney Houston (si sois de lágrima fácil, como yo, no olvidéis los kleenex). Eso sí, el número del Profesor Shuester, vestido de torero, absolutamente prescindible. Aquí, Mercedes canta I will always love you, dos días después del fallecimiento de Whitney Houston.

Algunos de los nuevos personajes, (Rory Flanagan, Joe Hart, Sugar Motta) todos más jóvenes, para que pudieran continuar en la siguiente temporada (entonces ya confirmada), fueron elegidos a través de Glee Project, un reality creado específicamente para ello, con uno de los protagonistas de la serie como mentores en cada uno de los programas.

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En definitiva, era el último año en el Instituto de Rachel, Finn, Puck, Santana, Quinn, Mercedes, Kurt, Britany y Mike. Y tenían que decidir su futuro, saber qué querían dejar atrás y a qué no estaban dispuestos a renunciar.

Y entonces llegó la cuarta temporada. Una temporada ésta realmente extraña. Personajes que aparecían y desparecían sin explicación alguna, (claro que las curas de desintoxicación y embarazos de sus protagonistas no ayudaron demasiado), argumentos poco trabajados, errores en la línea temporal…

Yo entiendo que sacar adelante un nuevo curso escolar con todos los “seniors” que se graduaron en el anterior era difícil, sobre todo, después de todo lo que nos hicieron llorar en los dos últimos episodios de la tercera temporada. Y por mucho que se empeñaran, Tina, Artie, Sam, Blaine, Joe, y Sugar (cuando se dignaban a aparecer) no tenían fuerza suficiente para sacar la historia adelante. Ni siquiera los intermitentes Finn y Mr. Shue o Sue Sylvester consiguieron mantener el pulso de la historia.

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Y eso que el espectacular Darren Criss se echó el peso de la serie sobre sus hombros, con un notabilísimo resultado, que lo transformó en mi estudiante favorito del McKinley High, siendo, por ejemplo, el primero de todos los actores que interpretó no una, sino dos canciones con sonido directo.

Y ¿qué decir de los nuevos? Tanto las dos chicas, Marley y Kitty, como los dos chicos Jake y Ryder vagaban por los pasillos sin una historia sólida y con muy poca química; son monos, sí, pero tienen poco “punch”. Eso sí. Menudo descubrimiento Melissa Benoist la más guapa, con diferencia, de las chicas del cast, y con poco que envidiar a ninguna de las voces sagradas de la serie. Si al menos hubieran encontrado un argumento que enganchara… Mención aparte merece Wade/Unique, uno de los personajes más prescindibles de la serie. Pretendieron crear un(a) nueva Mercedes, pero lo único que conseguieron fue una interpretación grotesca e innecesaria, que aportaba poco a la, ya de por sí, deslavazada historia. Supongo que uno de los motivos de que la temporada no coincidiera con el curso escolar, era dar tiempo a que nos acostumbráramos a los nuevos, antes de que se graduaran los que quedaban.

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Afortunadamente teníamos la historia paralela que transcurría en Nueva York, a cargo de Rachel y Kurt, y las apariciones imprescindibles del resto de graduados, nos hacían recordar porqué nos enganchamos a esta serie, además de la música. Y es que las historias de amor (o desamor) que de verdad tenían interés, son las de siempre: Finchel, Klaine y Britana.

Aún así hay varios episodios que realmente merecen la pena. Los dos relacionados con Grease, el de San Valentín (aunque considero innecesario uno de los emparejamientos, demasiada endogamia), y por supuesto el de las rupturas. No digo más…

El episodio final de la quinta temporada obtuvo un bajísimo dato de audiencia. Glee parecía la crónica de una muerte anunciada. La serie estaba concebida en un principio como una cuestión de tres temporadas: Ni siquiera llegan a la final; llegan a la final, pero la pierden; y ganan y quedan campeones.

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¿Qué más quedaba por contar cuando acabó la tercera temporada? La necesidad de estirar el chicle que ya no sabía a nada, y la confianza en que Rachel Berry, con o sin Finn, sería suficientemente interesante para sostener tres temporadas más, demostraron que Ryan Murphy estaba equivocado, o que (como siempre digo), estaba más preocupado por American Horror Story, que por los chicos de McKingley High.

La anterior temporada ya tuvo poco interés, en cuanto a las historias se refiere. No había nuevos personajes, sólo parodias de los que ya habían pasado por las manos del profesor Schuester, y los actores no tenían más fuerza que la del contrato que les obligaba por haber ganado el Glee Project

Y entonces ocurrió la catástrofe. Cory Monteith fallece, llevándose con él el pilar que sujetaba, casi con alfileres todo el show. ¿Cómo es posible que sólo consiguieran emocionarme, a mi que tengo una lágrima tan fácil, las veces que mencionaron a Finn?

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Me surgieron montones de preguntas:

¿A nadie le importaban las decisiones (algunas muy equivocadas) que Rachel iba tomando, sin la mano de Finn ayudándola a no arruinar su futuro? ¿Pero es que no tenía a nadie a quien pedir consejo? ¿A sus padres, a su madre, a Mr. Shue?

Las historias de amor, con “Klaine” a la cabeza perdieron fuerza. ¿Era necesario convertir al comedido y seguro Blaine en “una histérica”?

¿Dos episodios después de acabar el colegio, nadie se acordaba de los “newbies”?

¿Porqué era tan importante ser la reina del baile en las primeras temporadas, y se pasó tan de puntillas en esta?

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¿Qué le pasaba al profesor Schuester? ¿Por qué de repente luchaba en contra de aquellos que eran sus principios?

Y sobre todo las guerras internas nos privaron de disfrutar de los personajes que los fans, los que llenaron los estadios para verles en directo, esperaban. ¿Cómo es posible que Quinn no fuera a despedirse de Finn? ¿Dónde estaban los New Directions el día del estreno de Fanny Girl?

¿Qué pasó con los invitados especiales? ¿Dónde quedó Dani (Demi Lovato) o Elliot (Adam Lambert, -menudo descubrimiento para mi, con lo mal que me caía-)?

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Grandes nombres como June Squibb, (la nominada más mayor a los Oscar de aquel año), Billy Dee Williams (sí, Lando Calrissian), el protagonista de Pitch Perfect, Skylar Astin o Phoebe Strole (parecía que no iba a quedar uno solo de los actores de Spring Awakening por aparecer), la modelo Tyra Banks, el vampiro Peter Facinelli, o Mr. Fantastico Ioan Gruffudd ¡hasta Shirley McLaine! no fueron capaces de levantar la audiencia.

Esta actuación, como homenaje a Finn Hudson, sin embargo, fue memorable, aunque no entendí la necesidad de utilizar a las Cheerios de “relleno”, en vez de haber invitado a Joe Hart y Sugar.

 Así que después del insulso episodio final, (el número 20, frente a los 22 de otras temporadas) y de la baja audiencia, que sólo consiguió repuntar en el episodio de homenaje a Finn, y en la celebración de los 100 episodios, el estreno de la última temporada se retrasó hasta enero y se redujo a una mini-temporada de 13 episodios. A veces es mejor no forzar las situaciones…

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Dos consejos: Si podéis, vedla en versión original. Y muy importante. NUNCA escribais un SMS mientras conducís.

Por @deamorybesos (deamorybesos.wordpress.com)

 

 

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2 pensamientos en “El viaje de Glee”

  1. A mí me da muchísima pena que acabe Glee, pero también pienso que debería haber acabado antes de alargarla como lo han hecho…
    Han conseguido que no aguante a casi ningún personaje. Y viendo lo que va de esta temporada no parece que vaya a mejorar…
    ¿Kurt deja a Blaine así porque sí, sólo para tener una nueva trama y nos meten a Karofsky? Venga ya! Por lo menos podrían haber metido a Sebastian Smytee! (vale, Grant Gustin está genial en The Flash, pero podría sacar tiempo para dar una vuelta por Ohio no?).
    Santana se volvió demasiado extrema en la última temporada y ahora se vuelve a suavizar, menos mal que se dieron cuenta que la Santana “envidiosa de verdad” no era buen plan.
    ¿Y qué hacen ahora todos otra vez en en McKinley? ¿Es que pueden faltar a la universidad (los que están en ella) cuando quieran?
    ¿Y qué le pasa a Sue? Lo que hace en el último capítulo que he visto, el 6×04, no tiene ningún sentido.
    ¿Rachel empezando a sentir algo por Sam? No por favor! Otra historia amorosa a la altura de Puck y Lauren Zizes…
    Ya no me enrollo más! Me ha encantado tu artículo (en lo único que no estoy de acuerdo es en lo referente a Mercedes, no me gusta este personaje).
    Y ahora sólo queda esperar a que en los pocos capítulos que faltan para el final recuperen la esencia de la primera temporada y vuelvan a Journey!
    Un saludo y seguid así!

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  2. No estoy de acuerdo con todo lo que dices, pero comparto la sensación general respecto a la serie. La han estirado innecesariamente y ya no saben ni qué vueltas dar para ponerle fin con dignidad… Hay personajes que estaban muy bien construidos y de repente los desvirtuaron para poder seguir liando la madeja (como es el caso de Blaine que destacas). La verdad es que es una pena, porque esta serie era de mis favoritas y conseguía transmitir unos valores muy importantes. Ahora veo los capítulos y sólo pienso “Ay”.
    PD: Enhorabuena por el artículo!

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