Outlander Finale: Blood of my Blood

Ceud mile failte! Ya está, ya ha acabado la temporada. Alcemos nuestras copas y brindemos por los caídos y por los que han seguido adelante, por las apariciones de personajes que todos esperábamos como agua de mayo y muchísimas lágrimas. ¿Ganas de volver a sumergirte en el mundo creado por Diana Gabaldón por última vez?

¡CUIDADO, SI NO HAS VISTO ”SANGRE DE MI SANGRE”, NO SIGAS LEYENDO!

Culloden Moor-16 de abril de 1946

‘’You betrayed Scotland’’

Jamie sigue intentando parar Culloden con todo lo que tiene. En este último momento, simplemente reza para que sus palabras sean escuchadas por Bonnie Prince, algo que parece imposible porque nuestro príncipe “favorito” parece dispuesto a seguir adelante con sus ideales. Murtagh tenía razón al fin y al cabo: la mejor forma de acabar con la rebelión es matar al príncipe. Obviamente, los Fraser que llegaron a París al principio de la temporada no estaban tan desesperados y faltos de tiempo como están ahora. La solución es bastante simple: envenenar a Carlos Estuardo con el brebaje que Claire dio a Colum.

El plan parece crearse solo, pues tan solo unas gotas de jazmín amarillo en el té de su majestad to be pueden acabar con la guerra que se ha estado produciendo durante años y que ha dejado a los escoceses en una situación precaria. Por desgracia para todos, Dougal escucha la conversación casi entera por lo que las opciones se reducen a dejar que lo cuente y acabar muertos o -cosa que se precipita con los actos de éste- matar al tío MacKenzie para que no se vaya de la lengua y volver al plan A.

En anteriores entregas los MacKenzie y los Fraser de Lovat firmaron un acuerdo de neutralidad para cubrirse las espaldas ganara quién ganara la guerra. Ahora, Dougal se siente altamente traicionado por sus sobrinos. Él es un jacobita nato, que ha intentado hacerse un hueco entre las filas de dirigentes del ejército tras haber traicionado a su propio clan para unirse a la causa. Culpa de ello plenamente Claire, a la que califica como traidora y ‘’una perra mentirosa, que coge a un hombre de la poll* y lo lleva la destrucción’’. Sin embargo, pese a que internamente la culpa de todo ello, la mayor decepción para él es para con su sobrino, quien según su punto de vista ha deshonrado su confianza y ha traicionado a su país. Pronto, se enzarzan en una pelea que solamente puede acabar con la muerte de uno de ellos, quien presumiblemente es Dougal.

Rupert, otro acérrimo a la causa, es el siguiente en aparecer en escena. Aparentemente, las puertas de Culloden House viven abiertas y los individuos pasean libremente por las estancias. Al ver el cadáver de Dougal y a Jamie sosteniendo el cuchillo, su primer impulso es contárselo al resto, pero en nombre de su antigua amistad y el honor escocés le concede a Jamie dos horas para que ponga en orden sus asuntos personales.

‘’We are coming home, to Lallybroch’’

Murtagh no parece sorprendido cuando Jamie le cuenta lo ocurrido, tampoco se inmuta cuando le hace firmar el acta de propiedad que transmite la titularidad de Lallybroch a James Jacob Fraser Murray, su sobrino. La fecha del título está data de un año antes, de manera que su familia estaría protegida ante cualquier adversidad. El pequeño Fergus tiene que llevar personalmente el acta hasta la hacienda, de manera que tampoco estará presente en la batalla.

Desde luego que las despedidas no son fáciles, y menos cuando tienes que separarte de la única familia que has conocido hasta ahora. Fergus salió de un prostíbulo francés y fue adoptado por los Fraser temporalmente hasta convertirse hasta el momento en lo más parecido a un hijo que ambos han tenido. Si hay algo criticable, y estamos hablando a título personal, es la ausente despedida entre Murtagh y Fergus. A todos los niveles, durante sus apariciones, se han comportado como abuelo y nieto, y se nos ha clavado una espinita en el corazón tras tan fría despedida entre ambos. Porque si hay algo claro en una guerra, es que uno no sabe si va a salir vivo de ella.

Una de las últimas peticiones de Jamie para Murtagh es que lleve a los hombres de Lallybroch a casa. Como es de esperar, no accede a su petición, solamente promete ponerlos en el camino correcto y luego volver a luchar junto a él, en Culloden.

“You’re my home’’

Los delirios de Claire hacen acto de presencia aquí: quiere huir con Jamie e incluso se plantea la opción de que ambos viajen a través de las piedras. ¡Él no puede! ¿Pero cuál es la razón por la que Jamie quiere que Claire vuelva al futuro, lejos de él? ¡EMBARAZO! Todos sabemos que en el siglo XVIII los métodos anticonceptivos brillan en su ausencia. Además, Claire se culpaba a sí misma de ser incapaz de concebir en su previo matrimonio -ahora ya sabemos que Frank es el estéril- pero para lo que no estábamos preparados era para que Jamie se diera cuenta incluso antes que ella (técnicamente).

”Este hijo será lo único que quede de mi”

Cada vez que la serie se sitúa en Craig Na Dhun con los dos protagonistas implicados, la caja de pañuelo ha de estar lista para usarse y con razón. En la primera temporada, tras el juicio, Jamie conduce a Claire con un propósito similar: mantenerla a salvo. La elección por aquel entonces radicaba en ella, entre lo que tuvo y su presente situado en el pasado, entre los dos hombres que alguna vez la había amado. Ahora, el uso de la razón yace en Jamie, quien conocedor de su destino -Culloden- toma la decisión más difícil por los, en este caso, tres.  La pasión no se hace esperar, y ambos yacen ante el círculo de piedras. Después, la mención de los votos de boda ya es demasiado para nosotros, porque las emociones ya están a flor de piel, volando libres en el ambiente y encima, ya no nos quedan pañuelos. Nuestro único consuelo es abrazar el cojín aleatorio y rezar para que el 2017 llegue pronto.

Sin embargo, antes de despedirse ambos se entregan recuerdos para que ninguno de los dos se olvide del otro: Claire le entrega la libélula que Hugh Munro le regaló tras saber que se había casado con Jamie y este, le entrega a Claire el anillo de su padre, para que se lo ponga a su hijo cuando sea mayor (a un hijo que no va a conocer nunca, por favor, los pañuelos).

Inverness-1968

En el primer capítulo de la temporada, allá por los albores del tiempo, las manecillas del reloj avanzaron hasta 1948 donde una Claire ataviada con ropa de época retornaba de una aventura de un calibre especial, embaraza y aturdida de un viaje que casi acaba con su vida. Por aquel entonces vimos cómo sus demonios se encontraban con los de su primer marido Frank, quien pese a haber estado sin ella durante tres años, decidió volver a ‘’retomar’’ su relación con la condición de que exhortizara sus fantasmas y no los persiguiera. Sus motivos tampoco fueron altruistas: él tampoco podía concebir hijos, así que una Claire embarazada y sin pretensiones de seguir con su anterior vida podrían ser su salvoconducto hacia la paternidad. Pese a ser una mujer de palabra, Claire nunca olvidará sus raíces Fraser, pues pese a que fueron tiempos vertiginosos, Jamie y todo lo acontecido dos siglos antes marcarían un antes y un después en su vida.

En este nuevo salto, esta vez de 20 años, lo esencial de Escocia no ha cambiado; sus paisajes siguen siendo verdes y salvajes, sus gentes con un imperioso folclore impregnado ahora de pantalones de campana y telas de pana imposibles. Toda esta simbiosis de impresiones viene acompañada por el hecho que iniciará una serie de catastróficas verdades: la muerte del padre Wakefield. ¿Recordáis a aquel señor tan risueño? Cura de día e historiador de noche, él fue quien ayudó a Frank a investigar todo su árbol genealógico, a lidiar con la desaparición de Claire y posteriormente con su retorno. Amigo fiel durante mucho tiempo, nos ha dejado después de formar parte de grandes capítulos durante una temporada.

El niñito pelirrojo que le llamaba padre ahora es un hombre hecho y derecho, un Doctor en Historia, quien se enfrenta a la despedida de aquel quien le crio. Recordemos que sus padres biológicos murieron cuando él era pequeño y que terminó viviendo con su tío y adoptando su nombre: Roger Wakefield. Viene acompañado de Fiona, la nieta de la señora Graham, quien ahora es la ama de llaves del caserón y la cual vive enamorada de él.

Por causalidades del destino, las Randall atienden al servicio porque mientras visitaban a unos familiares en Londres les llegó la noticia, por lo que no dudaron en presentarse allí. En un primer momento, él no recuerda a Claire, pero tan solo mencionar el nombre de Frank se le enciende la bombilla enseguida. Aboga decir que la química entre los dos jóvenes se aprecia desde un primer momento, aunque es más visible en el joven quien incluso desatiende a sus invitados por prestarle una mayor atención a la americana.

‘’Don’t spend your days chasing a ghost’’

Claire hace un viaje propio a sus recuerdos, su propia hija siempre ha pensado que su madre vivía con el corazón en otro sitio y cuánta razón tiene.  La propia casa de los Wakefield hace que se sumerja en algo que llevaba evitando durante 20 años. La señora Graham, a su vuelta, fue quien le recomendó que siguiera con su vida, pese a ser el único ser humano por el momento que creía en lo que el resto consideraba delirios.

El tête-a-tête entre Roger y Claire nos deja dos detalles importantes que se irán desarrollando posteriormente:

  1. Roger nació MacKenzie, así es que probable que sus raíces provengan de algún individuo que Claire conociera siglos antes.
  2. Claire fue incapaz de decirle adiós a Jamie y tuvo que aprender a vivir la vida sin él.

Haciendo un camino separado al de su hija y el joven MacWakefield, nuestra sassenach pone sus pies en Lallybroch, donde desde el segundo uno las emociones la rodean. Como espectadores, es un placer ver la interpretación de Caitriona unida a una serie de voces de la pasada vida de Claire, momentos especiales vividos en aquella granja a la que una vez llamó hogar.

Un pequeño paréntesis y es que nos parece muy mal que nadie del cast de Outlander haya recibido nominación alguna a los Emmy, tanto Sam como Caitriona y Tobias mecerían, por lo menos, esa mención especial en sus respectivos papeles. 

Ella se traslada a aquellos tiempos felices y nosotros la acompañamos.

Solamente con los ecos del pasado que podemos escuchar se nos pone la piel de gallina y es que, todos los recuerdos que azotan a Claire, también dan de lleno al espectador: parece que Jaime realmente está allí.

Come and let us live, my Dear,
Let us love and never fear.
Then let amorous kisses dwell
on our lips, begin and tell
A Thousand, and a Hundred score
A Hundred, and a Thousand more.

Sus investigaciones van avanzando y avanzando. Atiende a un registro histórico donde se guardan documentos relacionados con Inverness, entre los que se encuentra el acta de propiedad que todos firmaron para trasferir el terreno al pequeño Jamie, hijo de Jenny e Ian para así evitar que fueran despojados de ello. De hecho, según las escrituras, esta parcela de terreno fue de los Murray durante muchas generaciones. Por otro lado, también quiere indagar sobre el MacKenzie de Roger, pues parece ser que tiene una corazonada sobre su procedencia.

La introspección en solitario de Claire termina en Culloden. Ahora con museo propio, fue el lugar que cambiaría su vida. El odio que destila hacia Carlos Eduardo Estuardo se respira en el ambiente, descalificándolo delante de alguno de los visitantes. En una de las vitrinas se encuentra el regalo que ella le dio a Jamie antes de pasar a través de las piedras, es decir, la libélula en ámbar, regalo de bodas poco peculiar. Como se puede deducir con facilidad, se le debió caer en algún momento de la batalla para haber acabado expuesto allí. Finalmente, acaba donde se produjo la batalla, ese yermo paraje donde hay lápidas repartidas por doquier con el nombre de los clanes que lucharon y perecieron allí. El hecho de que después de 20 años sea capaz de volver a comunicarse -indirectamente- con Jamie es conmovedor.

A fin de cuentas, mantuvo su promesa de no volver a ese sitio y no llorar; por el contrario, le cuenta todo lo sucedido durante su separación: el nacimiento de una hija (no un hijo como esperaban) llamada Brianna, su enfado con él por obligarla a partir y vivir una vida que no quería vivir. Lo que le rompe el corazón es el gran parecido de su hija a Jamie, especialmente cuando el sol ilumina su pelo o sonríe mientras duerme. La guinda del pastel es la despedida, el adiós definitivo al amor de su vida, Jamie Fraser.

 ‘My mother lives in another world’’

El interés de Roger por Brianna es genuino y recrípoco. El hecho de que tengan que recorrer todo el camino de vuelta hacia Londres (véase recorrerse media isla y parar en un pub) no parece ser una opción para él y las invita a quedarse en su casa por lo menos esa noche. Muy caballerosamente, se ofrece voluntario para llevar a Bree a visitar ese ‘’beautiful, wild country’’ del que Roger le hablaba.

Su primera parada es el Fuerte William, lugar donde sus padres lo pasaron mal en diferentes momentos de su vida. Las recurrentes menciones a Frank por parte de Bree están ahí, por lo que denotamos a cuál de sus dos progenitores era más cercana.

Como buena historiadora, Brianna Randall es curiosa por naturaleza. Durante su crianza, abrió una caja fuerte perteneciente a su padre en el que se encontraba la correspondencia que éste mantenía con el padre Wakefield. En una de estas cartas, se hace referencia a un ‘’incidente’’ que tuvo lugar hace muchísimo tiempo y que está relacionada con su familia. Por ello, no duda en preguntarle a su guía sobre lo ocurrido. Obviamente, teniendo 7 u 8 años tus recuerdos de una época completa son bastante difusos. Por suerte para ambos, el viejo Wakefield escribía un diario, así que la respuesta a esa gran incógnita ha de encontrarse en algún lugar del almacén. Et voilà, ¡a revolver trastos se ha dicho!

El camino de baldosas amarillas se va construyendo solo. Brianna no hace más que intentar sacar piezas del pasado de Claire y sobre su relación con Frank, su adorado Daddy. Su preocupación es máxima porque su madre no muestra señales de echarle demasiado de menos, sensación que va aumentando según discurren los minutos.

Los diarios del padre no mejoran su situación actual, ya que descubre qué fue lo que verdaderamente ocurrió en 1948. También descubre retazos del legado de la familia Randall, como documentos de Black Jack entre otras cosas. Algo que no se nos puede pasar por alto es la confirmación de ciertamente Frank cree las palabras de Claire pues en una carta al clérigo le pide que cese toda investigación sobre él y su árbol genealógico porque ‘’no es el hombre que creía’’, ergo cree en el testimonio de Claire. Los acontecimientos se van mostrando prontamente. Los diarios de la época clasifican la ausencia de Claire como  ’’un secuestro de las hadas’’y su retorno fue ‘’milagroso’’ Además, las fechas no engañan ya que Claire fue encontrada en abril de 1948 embarazada de tres meses y su hija nacería en noviembre, por lo que Brianna no es hija de Randall. La joven piensa que su madre la ha engañado con su paradero en los últimos días, reencontrándose con su amante después de tantos años. Lo que no sabe es lo alejada de la verdad que está.

A Claire no le queda otra opción que contarle la verdad a su hija. Claramente, Bree no cree que no decirle la verdad sobre su padre biológico fuera consensuado por ambos Randall, para que creciera protegida y lejos de toda polémica en Estados Unidos.

Los pensamientos de Claire se materializan en sinceridad absoluta hacia Brianna. Le cuenta que Jamie la quería pese a no haberla conocido, que la hubiera criado si las circunstancias no se lo hubiesen impedido. Pese a que su progenitora parece abrirle las puertas a su mundo, que sus palabras sean que tu padre es un highlander escocés de dos metros muerto hace doscientos años es difícil de creer para cualquier interlocutor. Las primeras impresiones de la chica es que su madre está loca, que ha pasado años inventándose el cuento de hadas que le está contando. La discusión llega a un nivel insoportable para ambas, porque Claire sigue firme en sus convicciones, cosa que saca de sus casillas a Brianna, quien preferiría que ella estuviera muerta en vez de Randall.

1968

Un personaje a quien la mayoría creía muerto ha resurgido cual Ave Fénix. Bueno, al menos una versión joven de ella. Por fin, sabemos lo que significa aquel número que Geillis Duncan le murmuró a Claire antes de ser llevada a la hoguera: 1968 es el año en el cual viaja a través de las piedras. Gillian Edgars es una joven vital, casada con un hombre echado a perder con la bebida, cuya vida es por y para el nacionalismo escocés a través de las Rosas Blancas de Escocia. Figuras como Carlos Estuardo son sus mesías históricamente hablando.

Bree, en su incursión junto a Roger en la universidad, conoce a este personaje singular, durante uno de sus discursos en la Universidad. Como estudiante, se acerca a la multitud y se impregna del espíritu ‘’we are Bonnie Prince Charlie’’ que a la viajera se le escapa por los poros.

Roger se las ingenia magníficamente para poner un poco de orden en toda esta repentina locura. Intenta disuadir a Bree de que puede que su madre tenga razón, o al menos, que la deje terminar de contar la historia entera sobre su padre, porque cree que ese acta de propiedad es real. En ese mismo pub, donde han ido a tomarse algo para relajarse, aparece nuevo la señora Edgars, quien recuerda a la joven de la universidad. Previamente, la había invitado a una de sus ponencias por el afán de Brianna de ver ‘’cómo se hace la historia’’, lamentablemente esta misteriosa mujer planea dejar la ciudad esa misma noche por ese motivo, sin dejar entrever demasiado sobre sus planes.

Claire, en la casa del reverendo, encuentra un panfleto sobre las ponencias de Duncan y la realidad cae sobre ella por su propio peso. Se encuentra en el año en el que supuestamente ella viajaría al pasado, por lo que tiene que encontrarla para que su hija pueda creer sus palabras. Dar con ella parece una tarea ardua, porque acorde con su ebrio marido, lleva desaparecida de casa semanas. En favor de este pobre hombre debemos decir que sus palabras destilan anhelo, y ahí finaliza nuestro alegato señoría. Lo único útil de su visita es el diario de Geillis – otras cosas que tendremos que añadir al starter pack del escocés por lo que se ve-, en el cual se encuentra un elaborado estudio sobre las piedras y la manera de viajar a través de ellas.

Las Randall se encuentran en un impasse durante unos instantes, ya que Brianna quiere conocer cómo era Jamie, cualquier alejado de su enajenación mental relacionada con los viajes en el tiempo. Esta tregua no dura demasiado, porque describir a alguien sin aplicarle el entorno es una tarea complicada. El ambiente vuelve a caldearse cuando sale a colación Gillian, porque para Claire es imperativo encontrarla para demostrarle a Bree el asunto de las piedras y para su hija es llevar la locura de su madre a otro nivel. Roger, de nuevo, equilibra la balanza entre las dos partes, aunque Claire termina de convencerle cuando le cuenta su parentesco con susodicha mujer. ¿Recordáis que Geillis Duncan estaba embarazada en el juicio y que Colum le confesó a Claire en su lecho de muerte que ese bebé había sobrevivido y que había sido entregado a una pareja que no podía concebir hijos propios? Bien, pues las generaciones de MacKenzie posteriores resultaron en Roger, por lo que existe una consanguineidad directa entre Dougal MacKenzie, Gillian Edgars y él.

Que Roger le siga la corriente a Claire es encantador porque gracias a ello Brianna se ve envuelta en todo y acaba descubriendo la verdad. Los tres se trasladan a las piedras para intentar parar a Gillian, pero llegan tarde, pues justamente cuando vislumbran el círculo de piedras y todo lo que hay alrededor, ella pasa a través de ellas. Sin embargo, los métodos de Duncan no son tan aleatorio como los de Claire para trasladarse a otra época ya que ha requerido el asesinato de su marido como sacrificio parte del ritual para el viaje.

Un detalle que no podemos dejar pasar es que tanto Roger como Brianna pueden escuchar el zumbido, hecho que no sabemos si repercutirá posteriormente, pero que tampoco hay que obviar porque si lo han metido, tiene que tener una razón de ser. Definitivamente a la pobre Bree se le puede aplicar aquello de ‘’mother knows best’’. Se hace eco de las palabras que pronunció su padre cuando Claire se sinceró con él sobre su sino ‘’I believe you. I don’t understand it, but I believe you’

“I have to go back”

Madre e hija se han sincerado pero aún quedan muchas cosas por contar, en concreto, algo que Roger y Brianna han descubierto recientemente: es posible que Jaime sobreviviese a Culloden y si es así, Claire tiene que volver a las piedras, a Jaime, a su otra mitad pero,…¿en veinte años han podido pasar muchas cosas, no?

 

Por @Inesnmira y @MsLauraDarcy

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