Águila Roja: El héroe made in Spain

AVISO: Este post NO contiene spoilers. Si no has visto el último capítulo, tranquilo: no voy a destriparte nada. Si pretendes que te haga un resumen de las 9 temporadas y te cuente el final… lo llevas claro.

Pues sí, acabó Águila Roja. Y me declaro fan incondicional —o aguilucho, que eso de “aguilener” suena a niños engreídos de otras tierras—, ya que no me he perdido ni uno solo de los 116 capítulos.

116 capítulos en los que la serie nos ha brindado su propia versión de Don Quijote y Sancho Panza, ofreciéndonos al primer héroe seriéfilo con sello patrio. Porque seamos sinceros: la historia tenía encanto. Un ninja en pleno siglo de oro, repartiendo katanazos para enmendar las injusticias del pueblo. ¡Si es que es hasta romántico! Un hombre enfrentado al poder, a la corrupción, a los abusos de la malvada autoridad… Un valiente que no dudaba en liarse a mamporros con su propio hermano… (si a estas alturas no sabes que Águila Roja y el Comisario son hermanos, mal lo llevas). Ahh, ¡cuánta falta nos hace ahora un Águila Roja 2.0! Como dijo Satur: toda época necesita su héroe. Pero desgranemos un poco más la historia.

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Águila Roja, o Gonzalo de Montalvo, se diferencia del resto de héroes y superhéroes de la ficción televisiva en cuatro aspectos clave: NO está hiper musculado, NO es mega rico, NO tiene un equipo de genios capaces de fabricar un reactor cuántico (si es que existen) en tres cuartos de hora y el ayudante tiene una vida aún más desgraciada que la del propio héroe.

Como digo, Gonzalo es alto, espigado, no tiene un torso para rallar queso ni mucho menos tiene súper poderes. Y es pobre. ¡Es maestro! Su gran baza, más allá de saber artes marciales en pleno reinado de Felipe IV, es su gran inteligencia. Ya sabéis: maestro y padre de día, héroe de noche. Durante los 116 capítulos ha empleado su ingenio y cultura para descubrir la solución a los problemas y así poder aplicar el remedio vía katana. Todo un Don Quijote empeñado en arreglar los problemas del pueblo.

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Otro de los puntos fuertes de la serie ha sido, sin duda, su ambientación. “Licencias históricas” aparte (con menor o mayor grado de licencias), la aventura nos sumergía en pleno siglo XVII, retratándonos esa época, sus personajes y costumbres. Satur, el ayudante, es el máximo exponente del pícaro español, tan bien retratado en novelas como El buscón o El lazarillo de Tormes. Un hombre golpeado por la vida hasta que se encuentra con Gonzalo y decide ponerse a su servicio. Un contrapunto perfecto con el héroe, especialmente por el cariz cómico que aporta a la serie.

Aunque si hay una pareja que ha elevado el nivel de Águila Roja es, sin duda, la formada por Lucrecia de Santillana y Hernán Mejías. Su relación y el peso que estos dos personajes han tenido durante los 116 capítulos han supuesto un salto cualitativo innegable, hasta el punto en que ambos podrían protagonizar perfectamente su propio spin-off. Quedarán para la historia las interpretaciones de Francis Lorenzo y Miriam Gallego. Maldad y sensualidad en estado puro.

Alonso, Margarita, Cipri, el Cardenal Mendoza, Irene… han sido unos personajes secundarios perfectos para el desarrollo de la trama, acabando de hilarla con total brillantez. Y es que Águila Roja puede presumir de las actrices y actores que han pasado por San Felipe: rostros como los de Adolfo Fernández, Erika Sanz, Xavier Elorriaga, Eliana Sánchez, Neus Sanz, Santiago Molero, Pepa Aniorte, Gabino Diego, Loles León, Carlos Areces, Roberto Álamo, Pepe Viyuela, Manuela Velasco, Eusebio Poncela, Mónica Cruz, Jorge Sanz (ahora ya sabemos qué fue de él, era un bandolero que buscaba a su hermano en el siglo XVII), Carmen Maura o la magnífica Julia Gutiérrez Caba. Estos son solo algunos y seguro que me dejo unos cuantos. Es decir, lo más granado del panorama televisivo español (también salió Jorge Lorenzo protagonizando una carrera de burros). Y no quiero olvidarme de las nuevas caras que empezaron a sonar tras pasar por la serie, como Elisa Mouliaá o Patrick Criado.

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Todo un elenco que daba la cara y tras el que se encontraba un equipo brillante capaz de dar forma a este cómic medievo-español, a esta trama que (más o menos estirada) nos ha tenido pegados a la pantalla durante 9 temporadas y una película. Durante los 116 capítulos hubo momentos míticos, como cuando Gonzalo descubrió que Hernán era su hermano (y asesino de su esposa) y otros momentos no tan míticos, como el capítulo de los vampiros (dejo a tu sabio criterio si el capítulo 100 es mítico o no). Sin embargo, la serie puede presumir de haber tenido un público que se ha mantenido fiel a pesar del maltrato que RTVE ha tenido a veces con la serie. (¿Qué les pasa a las cadenas generalistas con las series?) Sus audiencias, brutales al inicio, decayeron a lo largo de la serie, pero volvieron a resurgir para despedir al héroe tal y como se merecía.

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Y es que su final, sin entrar en spoilers, resultó perfecto. Tenía miedo, máxime cuando la última serie que vi acabar fue Castle y… EJEM. Como digo, tenía bastante miedo de que el final no fuera redondo, o una cagada para ser exactos. Pero no, los guionistas se han portado y han puesto el broche ideal a una gran serie. A una muy buena serie. ¿Habrá spin-off? Ojalá.

¡Larga vida al Águila!

NOTA: Tengo una réplica de la katana comprada en Toledo, así que cuidaría las críticas a este post y a la serie en general. Nah, lo de la katana es broma. ¿O no?

Francisco Hergueta
@Fhergueta

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